You are currently browsing the tag archive for the 'televisión' tag.

 

 

 

 

 

Durante el verano de 1998 se estrenó en la televisión por cable americana, HBO, una serie que iba a revolucionar el panorama televisivo hasta ese momento.
Trataba de cuatro chicas que hablaban, mayoritariamente, de sexo.
Era SEX AND THE CITY (en España traducida por Sexo en Nueva York).

Carrie (Sarah Jessica Parker), Miranda (Cynthia Nixon), Samantha (Kim Cattrall) y Charlotte (Kristin Davis) son cuatro amigas que viven y trabajan la populosa y mágica ciudad de Nueva York.
Tienen un alto nivel social, cultural y profesional. Son trabajadoras, inteligentes, pasan de los treinta, pero les falta algo en sus vidas… y lo buscan.

La protagonista es Carrie, que mediante las reflexiones que hace en una columna sobre sexo en un periódico, tira de la acción de cada capítulo. Sus preguntas públicas son las mismas que oye y las que discute con sus amigas. Tratan de la fidelidad, de la pareja perfecta, de la paranoia por la boda a partir de cierta edad, de los hombres…
Y de otras peculiares situaciones que se dan en las relaciones que ellas van teniendo.
Las cuatro aportan su punto de vista.
Miranda (mi favorita) es la más escéptica. Todos los hombres son igual de cerdos y no merecen demasiada atención, quizás básicamente desprecio.
Samantha es una devoradora. Para ella los hombres son de usar y tirar, aunque con algunos repite (y sufre un cómico dejà-coito: “¿Tú y yo nos hemos acostado ya, no?”)
Charlotte es la más romántica, la que aún cree en el príncipe azul y la felicidad como un estado al que se puede llegar y que será… para siempre.
Carrie, al plantearse las cuestiones y reflexionar sobre ellas, es más flexible en sus opiniones. La presencia de Mr. Big (un niño egoísta de 42 años) en su vida durante las primeras temporadas le hace tambalearse entre la creencia en el amor, y la frustración por la imposibilidad de cambiar a la gente que te parece casi perfecta.
La serie es, básicamente, divertida. Luego está el ingenio y la inteligencia de los guiones. Y si uno reflexiona un poco, se percata que no es, sólo, una serie de situaciones cómicas. Hay profundidad en su filosofía de las relaciones sociales (y sexuales). Explorar puntos que nunca antes se habían alumbrado con esta naturalidad, atrevimiento, y humor. Merece un apacible visionado.

En contra, la serie tiene el elitismo casi esnob de sus protagonistas. Son súper fashion, saltan de fiesta cool a fiesta aún más moderna. Viven de cenas en restaurantes donde hay que reservar mesas con años de antelación, exposiciones pseudo-intelectualoides, y nunca tiene problemas para llegar a fines de mes.

 

 

 

La tele es un cacharro de última o primera generación, que casi todo el mundo tiene en casa. Y todos, acabamos viendo la tele o bien con la guía en la mano, o haciendo zapping al más puro estilo zángano en canícula veraniega. Da igual.

 

Mucho se habla sobre el rol educativo de la televisión, o más bien de la debilidad de éste, incapaz de hacer llegar valores “correctos” a sus televidentes más jóvenes (como si se responsabilizara al cacharro de la educación de los críos). Mucha gente se queja de que la televisión propugna un sexo exento de responsabilidad y compromiso. Pero reflexionemos un momento… ¿alguno de nosotros querría sinceramente, que la tele nos diera clases de educación sexual todo el tiempo que se dedica a emitir contenidos sobre el tema? Yo desde luego que no.

 

No digo que no haya algo de formación. No es plan de convertirse en unos zopencos sexuales o de cualquier otro tipo: recordad que la información es poder, y que a su vez, el poder, lleva aparejada una buena ración de erótica (chiste fácil para mentes inteligentes como vosotros). Pero no sé si soportaría ver de nuevo a una maciza poniéndole didácticamente un condón a un falo de madera, pretendidamente aséptico, presuntamente incapaz de transmitirnos pensamientos impuros.

 

No creo que la tele sea lugar para eso. Hay que ocuparse de la cuestión educacional en otras partes, porque hay algunos que ya sabemos cómo se pone un condón, dónde ponérnoslo y sobre todo, dejar que nos lo pongan. Y lo que echamos de menos, es contenido erótico de calidad para que una vez hayamos calentado motores, lo que visionemos en la pantalla, nos ayude a crear un ambiente ideal para echar un buen polvo.

 

Tal vez, si no vemos la tele en buena compañía, también nos apetezca ver una peli erótica, un espacio en el que se hable de sexo sin otro fin que lograr puro placer, incluso ver cómo se folla en diferentes partes del mundo. Yo que sé. No soy programador de tele. Sólo he venido a pasarlo bien.

 

Muchos tiros, muchas muertes, muchas catástrofes. Imágenes que muestran sin impunidad alguna, cadáveres desmembrados, máximo exponente de la bajeza humana, y sin embargo, la censura ataca lo que a todos nos es común con más o menos suerte: el sexo. Algo que se trata de esconder, que se tacha de vergonzoso cuando abandona la esfera íntima. Y sin embargo, la sangre corre por nuestras pantallas hasta casi salpicar. Yo, personalmente prefiero que me salpiquen otros líquidos, que me ponen de mejor humor.

 

                                                                                                                                         H.

 

 

 

 

 

 

 

El salón sólo está iluminado por los destellos de la televisión, que nos bañan a ti, a mí y a la manta que nos cubre.

Incapaces de movernos, me construyo un nido en tu pecho. Sé que le estás prestando toda tu atención a las curvas de Marilyn, que tus dedos acarician mi mejilla sin tu ayuda.

Escucho el latir pausado de tu corazón, justo debajo de mi oreja, mientras me acomodo a tu cintura, sintiendo el calor que desprendes. Con cuidado, para no distraerte, deslizo una mano bajo tu camiseta y acaricio tu vientre, hasta donde tu ropa me impide el paso. Tu mano, apretuja mi mejilla. Me estás diciendo que pare, lo sé. Pero yo ya estoy recordando qué es lo que más me gusta hacerte y acaricio despacio el vello que nace en tu ombligo y marca el camino a seguir.

Por fin, consigo, sin que protestes, colar mis dedos bajo la cintura de tus vaqueros. Para mí, ya es tarde. He notado un escalofrío, y mis pezones se han endurecido hasta casi dolerme.

Odias que no te deje ver la película, pero ya me conoces: nada me gusta más que tentarte, y por supuesto, ganarte.

Noto la humedad brotar entre mis piernas, anticipándose. Tus ojos semicerrados, me recriminan mi comportamiento mientras desabrocho el botón. Y con eso, sólo consigues arrancarme una sonrisa pícara, ya que acabo de descubrir el bulto entre tus piernas. He ganado apenas sin esfuerzo.

Quédate así, medio tumbado. No quiero que hagas nada. Deja que continúe yo sola.

Ya conoces lo que viene: de rodillas en el suelo, instalada entre tus piernas. Yo sé que te encanta mirarme, así que no pierdes detalle mientras tiro de tu ropa con dulzura, acariciando tus muslos a medida que te desnudo. Déjame disfrutar un poco más de la dureza de tu sexo en mi mejilla, déjame hundir la nariz en tu carne, aún vestida, para olerte.

No voy a dejar que me toques todavía, pero estoy ardiendo. Tenso mis muslos como cuando me tomas desde atrás, pero lejos de calmarme, sólo consigo excitarme más. Tal vez por eso me he vuelto ansiosa y te he desvestido ya. Ahora siento unos hilos invisibles tirando de mi vientre. Ojalá te tuviera dentro.

Voy a procurarte el refugio más cálido. Dejo que mi boca se llene de saliva, y bajo tu mirada, hago desaparecer tu sexo entre mis labios muy despacio, escuchando tu débil suspiro, cuando mis labios llegan donde nace tu carne. Aún no me he movido y siento cómo se endurece, obligándome a abrir más la boca mientras te saboreo.

Una vez me pediste que te contara porqué me gusta hacerlo, y yo no supe qué responder. Sólo te pude decir que me hace estremecer tener tu polla en la boca.

Me retiro con cuidado, lamiéndote lentamente, arañando con los dientes la línea que forma tu piel cuando ya no puede cubrir más carne.

He ganado. Ya no oyes la tele… Al hundir la punta de la lengua en el pequeño agujero, consigo las primeras gotas saladas. Si fueras consciente del efecto que tu sabor produce en mí… He conseguido arrancarte un gemido y pongo tu mano en mi cabeza. Agárrame fuerte del pelo: sólo espero el momento en el que tú mismo muevas mi cabeza, alojando tu verga en mi garganta. Retiro tu piel y chupo golosamente la punta. Te masturbo contra mi lengua y te oigo gemir de nuevo.

No sé cómo, tu mano se ha colado bajo mi ropa, liberando mis pechos. Sé cuánto te gusta ver mi pecho desnudo mientras estoy arrodillada entre tus piernas.

Te acaricio con mi mano libre, ya estás lleno, esperando vaciarte. Y sonrío cuando noto tus dedos hundirse en mi pelo, empujando mi cabeza. Es cuestión de tiempo que muevas las caderas, buscando un orgasmo en mi boca. Tengo que resistirme a suplicarte que me folles… hundo los dedos en tus ingles húmedas y saboreo el líquido salado, preludio de tu esperma, y a la vez, sé que te estás conteniendo para no gritar.

De rodillas, no puedo verte, pero tu cuerpo me está diciendo todo lo que quiero saber: que no hay mejor lugar en el mundo para ti.

Tu jadeo me anuncia tu orgasmo, y tus manos me liberan para dejarme tomar el control, acariciándote hasta que gritas, y tu esperma llena mi boca, resbalando garganta abajo. Su sabor me estremece, te remueves, me pides que no pare mientras tiemblas y yo lamo hasta tu última gota.

Agotado, dejas tu verga descansar en mi boca hasta que se relaja. En medio del silencio, vuelvo a oír la tele. Me entretengo oliendo tu vello. Hueles tan bien…

Querrás desnudarme, querrás calmar con tus dedos y tu boca mi excitación, pero no te voy a dejar todavía. Me quedaré así, húmeda, palpitante y caliente hasta que lleguemos a la cama, y allí, me folles.

H.

 

 

 

Para una sociedad que vive ante el televisor, es fácil ver morir a gente anónima cada día. (Las franjas de las exhibiciones de cadáveres REALES coinciden con los informativos).
Para ver una eyaculación, hay que irse a las tantas de la madrugada.  O buscarse la vida, siempre de una forma discreta, a escondidas. Con temor a recriminaciones y miradas.

Un video juego donde se mate indiscriminadamente se encuentra en cada casa donde haya una consola, sea la que sea. Cierto que hay ciertas quejas, pero es algo, mayoritariamente aceptado.
(Mayoritariamente aceptado no es algo bueno, ni malo. Es una realidad y punto)
Un video juego donde se folle indiscriminadamente…

¿Por qué esconden el sexo así?