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Hace una bonita mañana. Aún es pronto, y esta noche he descansado, con lo cual mi estado físico me permite disfrutar de sol que cae dorado y suave, y la temperatura más bien fresca, que me espabila.
Llego a mi coche, que aparqué cerca de casa, para mayor regocijo, ya que es algo que no es demasiado habitual. Y enganchado al parabrisas, encuentro a estas dos señoritas aprisionadas por la escobilla.
El márketing es una cosa que nunca deja de sorprenderme…
Nunca he estado en un burdel, club privado, o como gusten llamarlo. Tampoco he solicitado nunca los servicios de una profesional, por muy desesperado que me encuentre, y por mucho que la incipiente primavera reviva mis ansias de desahogarme.
De hecho, éste tipo de publicidad, me entristece.
Se las ve tan frescas, lozanas, apetecibles… parecen profesoras de aerobic. Sin duda alguna son mujeres hermosas. He de reconocer, que mi tipo es el de una mujer menos exhuberante, más corriente, que me permita descubrir sus encantos, que no son tan evidentes como los que éstas muestran sin pudor.
Siempre me hago una pregunta imaginaria: Si una mujer así, prostituta o no, me ofreciera irme a la cama con ella,¿lo haría?. No quiero decir con ésto que no sean dignas de mí, ni muchísimo menos. La cuestión es si ¿podría sentirme cómodo follando con una mujer de bandera? No quiero pecar de modesto, ni siquiera falsamente, pero todo esto me lleva a pensar acerca de el tipo de persona que nos gusta a cada uno. Yo no puedo decir que tenga un tipo fijo: tiene que ser tal, medir tanto, usar tal talla de sostén, tener caderas amplias o estrechas, más o menos amor por la depilación íntima… no sé.
De una me gustan sus ojos, de otra, sus manos, de otra, la voz, de otra, la forma que tiene de tratarme, de otra las piernas, de otra, el rubor de las mejillas o los labios, de otra la pose… ah, hay tanto que ver… a veces me sorprendo mirando a una dama que sin motivo aparente para mí destaca sobre todas las demás, aunque se ajusten más al ideal de belleza…
qué cruel es la primavera conmigo…

La tele es un cacharro de última o primera generación, que casi todo el mundo tiene en casa. Y todos, acabamos viendo la tele o bien con la guía en la mano, o haciendo zapping al más puro estilo zángano en canícula veraniega. Da igual.
Mucho se habla sobre el rol educativo de la televisión, o más bien de la debilidad de éste, incapaz de hacer llegar valores “correctos” a sus televidentes más jóvenes (como si se responsabilizara al cacharro de la educación de los críos). Mucha gente se queja de que la televisión propugna un sexo exento de responsabilidad y compromiso. Pero reflexionemos un momento… ¿alguno de nosotros querría sinceramente, que la tele nos diera clases de educación sexual todo el tiempo que se dedica a emitir contenidos sobre el tema? Yo desde luego que no.
No digo que no haya algo de formación. No es plan de convertirse en unos zopencos sexuales o de cualquier otro tipo: recordad que la información es poder, y que a su vez, el poder, lleva aparejada una buena ración de erótica (chiste fácil para mentes inteligentes como vosotros). Pero no sé si soportaría ver de nuevo a una maciza poniéndole didácticamente un condón a un falo de madera, pretendidamente aséptico, presuntamente incapaz de transmitirnos pensamientos impuros.
No creo que la tele sea lugar para eso. Hay que ocuparse de la cuestión educacional en otras partes, porque hay algunos que ya sabemos cómo se pone un condón, dónde ponérnoslo y sobre todo, dejar que nos lo pongan. Y lo que echamos de menos, es contenido erótico de calidad para que una vez hayamos calentado motores, lo que visionemos en la pantalla, nos ayude a crear un ambiente ideal para echar un buen polvo.
Tal vez, si no vemos la tele en buena compañía, también nos apetezca ver una peli erótica, un espacio en el que se hable de sexo sin otro fin que lograr puro placer, incluso ver cómo se folla en diferentes partes del mundo. Yo que sé. No soy programador de tele. Sólo he venido a pasarlo bien.
Muchos tiros, muchas muertes, muchas catástrofes. Imágenes que muestran sin impunidad alguna, cadáveres desmembrados, máximo exponente de la bajeza humana, y sin embargo, la censura ataca lo que a todos nos es común con más o menos suerte: el sexo. Algo que se trata de esconder, que se tacha de vergonzoso cuando abandona la esfera íntima. Y sin embargo, la sangre corre por nuestras pantallas hasta casi salpicar. Yo, personalmente prefiero que me salpiquen otros líquidos, que me ponen de mejor humor.
H.

Para una sociedad que vive ante el televisor, es fácil ver morir a gente anónima cada día. (Las franjas de las exhibiciones de cadáveres REALES coinciden con los informativos).
Para ver una eyaculación, hay que irse a las tantas de la madrugada. O buscarse la vida, siempre de una forma discreta, a escondidas. Con temor a recriminaciones y miradas.
Un video juego donde se mate indiscriminadamente se encuentra en cada casa donde haya una consola, sea la que sea. Cierto que hay ciertas quejas, pero es algo, mayoritariamente aceptado.
(Mayoritariamente aceptado no es algo bueno, ni malo. Es una realidad y punto)
Un video juego donde se folle indiscriminadamente…
¿Por qué esconden el sexo así?


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