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Una buena relación entre un hombre y una mujer se compone de dos elementos: buena amistad y fogoso erotismo.
SECRETOS DE UN MATRIMONIO
Ingmar Bergman

“¿Qué ha hecho a los humanos al sexo, tan natural, tan necesario y tan justo, para no osar hablar de él sin vergüenza y para excluirlo de los discursos serios y ordenados? Pronunciamos atrevidamente: matar, robar, traicionar ¿y lo otro no osaríamos más que entre dientes? ¿Quiere decir esto que cuanto menos expresamos de palabra, tanto más derecho tenemos a aumentar de pensamiento?
Porque es cierto que las palabras menos usadas, menos escritas y mejor calladas, son las mejores sabidas y más generalmente conocidas. Ninguna edad, ninguna costumbre las ignoran…”
“(…) En ese recinto de vidrio, metal y vinil, el cuerpo de Helen se apoderó de mí, y ella metió la mano bajo mi camisa. Le tomé los dedos y los puse alrededor de mi pene. Por el espejo retrovisor vi. que se acercaba un camión cisterna. Pasó de largo con un rugido de polvo y humo que tamborileo contra las puertas del coche. Esta primera excitación trajo el primer semen a mi pene. Diez minutos más tarde, cuando el camión volvió a pasar, la vibración de las ventanillas, aceleró un orgasmo. Helen se arrodilló sobre mí, acodándose contra el respaldo del asiento, a cada lado de su cabeza. Yo me recliné, aspirando el olor del vinil recalentado. Levantándole la falda a la altura de la cintura, pude verle el contorno de las caderas. La moví lentamente contra mí frotándole el miembro contra el clítoris. La cabina del auto le enmarcaba distintas partes del cuerpo, las rótulas cuadradas debajo de mis codos, el pecho derecho desnudo, la marca de una pequeña úlcera en el marco inferior del pezón. Mientras apretaba el glande contra el cuello del útero y sentía el contacto de una máquina muerta, el diafragma, observé el interior del coche. El pequeño habitáculo estaba atestado de superficies angulares y de fragmentarias redondeles anatómicas, entrelazadas en insólitas conjunciones, como un primer coito homosexual a bordo de una cápsula Apolo. Los volúmenes de los muslos de Helen apretados contra mis cadera, el puño izquierdo hundido en mi hombro, la boca aferrada a la mía, la forma y humedad del ano que yo acariciaba con el dedo anular, todo parecía superponerse al inventario de una tecnología complaciente: las curvas moldeadas y acolchadas del panel de instrumentos, la funda de la columna de dirección, la extravagante culata de de pistola del freno de mano. (…)”
James G. Ballard
“Crash”
“Si nadie levantase un dedo hasta que la gente lo mereciera, el mundo entero se iría al diablo. Es preferible olvidar quién lo merece y ayudarnos mutuamente. Porque, en el fondo, no lo merece nadie. Ni yo, ni usted, ni nadie”
Martin Ritt






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