
La tele es un cacharro de última o primera generación, que casi todo el mundo tiene en casa. Y todos, acabamos viendo la tele o bien con la guía en la mano, o haciendo zapping al más puro estilo zángano en canícula veraniega. Da igual.
Mucho se habla sobre el rol educativo de la televisión, o más bien de la debilidad de éste, incapaz de hacer llegar valores “correctos” a sus televidentes más jóvenes (como si se responsabilizara al cacharro de la educación de los críos). Mucha gente se queja de que la televisión propugna un sexo exento de responsabilidad y compromiso. Pero reflexionemos un momento… ¿alguno de nosotros querría sinceramente, que la tele nos diera clases de educación sexual todo el tiempo que se dedica a emitir contenidos sobre el tema? Yo desde luego que no.
No digo que no haya algo de formación. No es plan de convertirse en unos zopencos sexuales o de cualquier otro tipo: recordad que la información es poder, y que a su vez, el poder, lleva aparejada una buena ración de erótica (chiste fácil para mentes inteligentes como vosotros). Pero no sé si soportaría ver de nuevo a una maciza poniéndole didácticamente un condón a un falo de madera, pretendidamente aséptico, presuntamente incapaz de transmitirnos pensamientos impuros.
No creo que la tele sea lugar para eso. Hay que ocuparse de la cuestión educacional en otras partes, porque hay algunos que ya sabemos cómo se pone un condón, dónde ponérnoslo y sobre todo, dejar que nos lo pongan. Y lo que echamos de menos, es contenido erótico de calidad para que una vez hayamos calentado motores, lo que visionemos en la pantalla, nos ayude a crear un ambiente ideal para echar un buen polvo.
Tal vez, si no vemos la tele en buena compañía, también nos apetezca ver una peli erótica, un espacio en el que se hable de sexo sin otro fin que lograr puro placer, incluso ver cómo se folla en diferentes partes del mundo. Yo que sé. No soy programador de tele. Sólo he venido a pasarlo bien.
Muchos tiros, muchas muertes, muchas catástrofes. Imágenes que muestran sin impunidad alguna, cadáveres desmembrados, máximo exponente de la bajeza humana, y sin embargo, la censura ataca lo que a todos nos es común con más o menos suerte: el sexo. Algo que se trata de esconder, que se tacha de vergonzoso cuando abandona la esfera íntima. Y sin embargo, la sangre corre por nuestras pantallas hasta casi salpicar. Yo, personalmente prefiero que me salpiquen otros líquidos, que me ponen de mejor humor.
H.


1 comment
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Lunes 12 Enero, 2009 a 9:50 pm
Harlequin Girl
Todos ahhhh cien – no está nada mal, en la Sexta, los… viernes?
No sé cuando es, pero cuando hemos estado zapeando en finde
nos hemos encontrado contenidos muy interesantes…